
En los viajes siempre hay un momento de cierta confusión, en este caso no fue el caos de una ciudad como Addis Ababa, tampoco la desquiciada llegada a Gonder, ni siquiera los laberintos de Lalibela. Fue el abandono al que nos sometieron los funcionarios de Fiumicino, Roma. Menos mal que podíamos entrar y salir a nuestro gusto. Eso si, podríamos considerar este tránsito como la primera etapa de un duro trekk.